Hay proyectos que nacen de una institución, de una decisión administrativa o de un gran presupuesto. Y hay otros que nacen de algo mucho más sencillo y, quizás por eso, mucho más poderoso: la voluntad de un grupo de personas que cree que los libros pueden transformar una comunidad.
En el barrio Próspero Palazzo, de Comodoro Rivadavia, un grupo de vecinos, escritores y amantes de la cultura decidió convertir ese deseo en realidad. Así nació la Biblioteca Popular “Antoine de Saint-Exupéry”, un espacio que con el tiempo se transformaría en mucho más que una biblioteca.
Su inauguración fue una celebración de la palabra, de la cultura y, sobre todo, de la esperanza.
Un sábado para recordar
Un sábado 10 de julio, el barrio Próspero Palazzo se vistió de fiesta.
A las 15 horas comenzaron a llegar las autoridades, vecinos y numerosos amantes de los libros que se acercaron para acompañar aquel momento tan esperado. Antes de comenzar la ceremonia, la Secretaria de la Comisión Directiva, Beatriz del Pilar Reyes, invitó a los presentes a dejar su firma en el Libro de Visitas Especiales, como testimonio de aquel día. La ceremonia continuó con la entonación del Himno Nacional Argentino y la bendición de las instalaciones, realizada por el Padre Julio Martín, quien acompañó el momento con la lectura de un pasaje del Evangelio dedicado a los libros. Pero detrás de aquel acto formal había una historia mucho más profunda: la de un grupo de personas que había trabajado para hacer realidad un sueño compartido.
Una biblioteca nacida de la comunidad
La apertura estuvo a cargo de la Presidenta de la Comisión Directiva, Margarita Leal, quien destacó especialmente el esfuerzo realizado por los vecinos para concretar la creación de la biblioteca.
También estuvo presente Estela Cano, Directora General de Cultura de la Municipalidad de Comodoro Rivadavia, quien expresó su apoyo y sus deseos de que aquella institución continuara creciendo. Fue ella quien realizó el tradicional corte de cintas, dando oficialmente por inaugurado el nuevo espacio.
El acto contó además con la presencia del Prof. Carlos Capdevila, presidente del Instituto Belgraniano, quien donó una bandera argentina en nombre de la institución y pronunció unas palabras cargadas de emoción. En su discurso recordó una verdad que parece atravesar la historia de tantas bibliotecas populares: muchas de ellas comienzan con pocos libros, pero con una enorme esperanza, y quizá allí se encuentre la esencia de una biblioteca popular. No comienza necesariamente con grandes estanterías, comienza con personas.
“Entre letras y poemas…”
La flamante directora de la biblioteca, la escritora Susana Beatriz Cuello, también tomó la palabra, sus palabras quedaron como una de las imágenes más bellas de aquella jornada:
“Entre letras y poemas abre sus puertas como dos brazos, y en los labios, con un beso llamado conocimiento”.
La frase sintetizaba el espíritu de aquel proyecto, porque abrir una biblioteca no significa solamente abrir una puerta y colocar libros en una estantería. Significa abrir un espacio para que alguien encuentre una historia, descubra un autor, conozca una época, formule una pregunta o simplemente encuentre, entre las páginas de un libro, un lugar donde sentirse acompañado.
Un reconocimiento y una red de libros
Durante aquella misma jornada, Susana Beatriz Cuello entregó un diploma de reconocimiento a Beatriz del Pilar Reyes, sobrina nieta del poeta chileno Pablo Neruda. Pero el espíritu de aquella inauguración no quedó encerrado entre las paredes de la nueva biblioteca, también se realizaron donaciones de libros a otras instituciones: la Biblioteca Popular de Km 8, la Biblioteca Popular del Barrio San Martín y una biblioteca de Caleta Olivia.
El gesto resulta especialmente significativo, una biblioteca nacía y, al mismo tiempo, los libros comenzaban a viajar, porque un libro detenido en un estante puede ser valioso; pero un libro que pasa de unas manos a otras, que se presta, se descubre y se comparte, comienza verdaderamente a formar parte de una comunidad.
Una torta con forma de libro
La jornada terminó con un brindis compartido y una torta muy particular: tenía la forma de un libro y una pluma, no podía existir símbolo más apropiado para celebrar aquel nacimiento, el libro representaba el conocimiento, la memoria y las historias. La pluma, la posibilidad de escribir nuevas páginas. Y quizá eso sea precisamente lo que hizo aquella biblioteca: conservar parte de la historia que la precedía mientras ofrecía a las generaciones futuras la posibilidad de escribir la suya.
Un legado que permanece
Con el paso del tiempo, la Biblioteca Popular “Antoine de Saint-Exupéry” dejó de ser simplemente un edificio destinado a guardar libros y se convirtió en un espacio de encuentros para un puente entre generaciones.
En un lugar donde la historia, la literatura y la cultura podían encontrarse con quienes tenían curiosidad por conocerlas. Y en un faro para quienes entendían que leer no es solamente adquirir conocimiento: también es aprender a mirar el mundo desde otros ojos.
Para quienes hoy forman parte de Grupo Las Letras, esta historia posee además un significado especial. Porque detrás de una editorial, antes de los libros publicados, de las páginas diseñadas y de los proyectos literarios, existen siempre personas.
Personas que alguna vez se reunieron alrededor de una mesa, hablaron de literatura, escribieron, compartieron sus textos y soñaron con construir espacios donde la palabra pudiera crecer.
La historia de aquella biblioteca pertenece también a esa memoria.
Una historia que merece ser contada
Las instituciones culturales muchas veces se construyen lentamente. Primero aparece una idea. Después, unas pocas personas que creen en ella. Luego llegan los libros, las reuniones, los vecinos, las donaciones y las primeras actividades.
Y un día, casi sin darse cuenta, aquella pequeña idea se convierte en parte de la historia de una comunidad.
La Biblioteca Popular “Antoine de Saint-Exupéry” nació de esa manera, con esfuerzo, con libros, con vecinos, con escritores y, sobre todo, con esperanza.
Porque quizás todas las bibliotecas populares comienzan con la misma certeza:
nunca son demasiados los libros cuando lo que se quiere construir es una comunidad que lea, recuerde y sueñe.
Y mientras exista alguien dispuesto a abrir un libro, aquella historia todavía tendrá páginas por escribir.